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4500 KMS EN LA KTM 1050: CAPITULO 4

4500 kms en la KTM 1050 CUARTA PARTE

Ruta 40, Puna,  Desierto de Atacama y más… 

El cuarto capitulo (Belén a Cafayate) de la serie “4500 kms en la KTM 1050 Adventure” nos presenta la epica aventura de nuestro director Rodrigo Pastén de intentar ser la primera persona en llegar en esta moto big trail a los Campos de Piedra Pómez, en Catamarca Argentina, lo conseguirá? velo en este capitulo!
Un viaje por la Ruta 40 en el norte de Argentina y el desierto de Atacama en el norte de Chile en moto y en solitario. Auspiciadores: KTM Chile Big Travel Liqui Moly Chile Racelight Chile Mototechnik Chile MX Metzeler Chile

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Cuarto Día, A la Conquista del Campo de Piedra Pómez!

A pesar de lo cansado que había llegado del día anterior, sabía que este día serí largo por lo que puse el despertador temprano.  7 am y empezar la rutina diaria de ducharme, tomar desayuno, cargar la moto, amarrar todo, ponerme el equipo de moto y partir. Comer tan tarde y pesado la noche anterior no le hizo muy bien a mi estomago por lo que partí finalmente como las 11 de mañana. Aun así estaba dispuesto a enfrentar y conseguir ser el primer humano en el mundo en llegar en moto big trail a los Campos de Piedra Pómez. ¡Sonaba épico!

Seguí por la Ruta 40, la carretera era sinuosa pero asfaltada y bastante rápida, podía admirar paisajes que por lo tarde de anoche no había podido ver. Ya todo es medio desértico. Luego de 50 kilómetros iniciaba el desvió hacia los Campos, debía tomar la RP36 y después la RP43 en constante ascenso hacia la cordillera hasta el pueblo de El Peñón, ubicado a mas de 3300 msnm. Eran 160 kms desde el cruce de la Ruta 40 hacia arriba. Empecé a avanzar rápido consciente de mi atraso, pero de repente, sorpresa, se acabo el asfalto. Afortunadamente eran solo 60 kilómetros -aunque bastante complicados con harta arena y piedras sueltas- luego retomaba el asfalto de nuevo. Si hubiese sido completo de tierra hacia arriba era imposible ir y volver en el día. Debo admitir que el camino era maravilloso, con zonas de dunas que se metían a la carretera, cientos de vicuñas que se cruzaban, y vistas de la puna de Catamarca increíbles, en zonas te paras y ves fácilmente a 150 kilómetros de distancia. El día estaba agradable y aunque pase por sectores sobre los 4000 msnm me iba sintiendo bastante bien y muy motivado. Ya a 70 kilómetros de el Peñón podía ver el volcán Carachi, para graficarlo es como que un cerro, en medio de un llano de colores casi blancos, literalmente “explotó” dejando un circulo perfectamente redondo y negro, de unos 10 kilómetros de diámetro, es espectacular.

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Llegue al pueblo de El Peñón, este pueblito esta a 30 kilómetros de los Campos de Piedra Pómez, es muy modesto y pequeño, no más de 10 o 12 casas, con algunos carteles de expediciones en vehículos 4×4 que te llevan al lugar, supuse que ver llegar a una moto por esos lados se asomaría todo el mundo a mirarme y podría avisar que me metería a ese lugar por si pasaba algo, me equivoque, no salió ¡nadie! fue raro, jaja.

Avance al inicio de la huella que lleva a los Campos, hice una última parada en una loma para admirar el paisaje y tomar algunas fotos, además de sentir como se movía la moto en la arena. Ya eran las 3.30 de la tarde y el tiempo era contado. Me tire cerro abajo a lo derecho hacia el camino y llegando a él lo blanco de la arena me hizo no ver el cerrito que deja el paso de la máquina moto niveladora, casi me caigo, logré salvar la situación, pero me dio luces de que la precaución debía ser redoblada si no quería pasar otro susto con lo blanco del suelo y la poca sombra por la posición del sol.

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Llegué al cruce donde inicia la huella hacia los Campos, pase la bencina del bidón que llevaba, al estanque, me puse guantes más delgados y me saqué algo de abrigo, hacían mas de 20 grados y sabia que manejar los 25 kilómetros de arena no serian fáciles, por lo cual requería estar lo más cómodo posible. Foto en el cartel de “Solo Para 4×4” y partir. La calamina de la huella era del terror, era tan malo el camino que pensé que no lo iba a lograr, sentía que la moto y yo nos íbamos desarmando metro a metro, aceleré más aun y no pasaba, al punto que me salí del camino y me fui por fuera, era mejor, aunque un sorpresivo banco de arena muy suelta que estuvo a punto de tirarme al suelo me hizo volver al camino. Era mejor resistir la calamina que caerme en esas trampas mortales de arena. No llevaba ni 4 kilómetros y ya estaba transpirado entero, y con la adrenalina a mil!

Le empecé a agarrar la mano al camino, a los arenales, a los hoyos, saltos y cuanta dificultad me ponían por delante, pasé de contar en el GPS cada metro que descontaba a cada kilometro que descontaba, cada vez más motivado y seguro, empecé a ver las primeras formaciones rocosas, dunas, el volcán Carachi a mi derecha y mi motivación crecía cada vez mas. La sensación era rara, estaba absolutamente solo, mucho viento, me agarró un remolino de viento que casi me bota de la moto, el clima es muy inhóspito, no podía fallar, ni la moto ni yo, ya que quedar botado ahí, en la noche hacen -25°C por lo que sobrevivir es prácticamente imposible. Trataba de parar a tomar fotos pero estacionar la moto en la arena era imposible, así que a seguir no más. Luego una trepada de arena, luego una pasada por un rock garden, pero logre, por fin ver el Campo de Piedra Pómez con mis propios ojos a la distancia. Las imágenes que había visto en internet por fin se hacían reales ante mis ojos, la sensación, la emoción, son indescriptibles. Hice el trayecto que me faltaba y luego de 1:15 hr de batalla al volante, logré llegar al lugar. Formaciones rocosas onduladas blancas como la porcelana, con torres de 30 metros detrás con formas aun más raras, es como de ciencia ficción todo. Estaba demasiado emocionado, pero debía ser mental, así que me fije un tiempo máximo para tomar fotos, videos, disfrutar el lugar y partir de vuelta. Solo había conseguido la mitad del objetivo, la otra mitad era salir bien del lugar. Cuando escribo estas líneas aun me emociono recordando lo que sentí ese día.

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Logré trepar a una de esas formaciones con moto y todo, tome fotos, mande una señal por el Spot a mi familia avisando que había conseguido el objetivo, y me preparé para la vuelta. A lo lejos se veía que se estaba formando una tormenta y podría venir hacia mí, por lo que era razonable emprender rápido regreso.  Ya eran las 5.15 de la tarde y el tiempo de luz estaba en mi contra. La vuelta fue mucho más fluida, con más propiedad en la moto, empecé a disfrutar y no sufrir el recorrido. Ya iba en la mitad cuando a lo lejos veo polvo, al acercarse era una camioneta de un local con dos turistas que se notaban extranjeros, pagaría por poder tener una foto de la cara de los tres que iban adentro cuando me vieron, nunca nadie se hubiese esperado salir a un tipo solo y en moto grande de ahí, el manejo es tan exigente no pude ni parar ni menos sacar una mano del volante para saludar, apenas asenté con un movimiento del casco su tímido saludo, pero la cara que tenían era muy chistosa.

Logré llegar al pueblo del Peñón no sin antes pasar un buen susto por una pequeña distracción que me mande y casi me tira al suelo a 80 km/h, pero estaba vivo, entero, la KTM 1050 impeque y yo aunque un poco deshidratado y cansado, aun extasiado por la aventura. Siempre en estos pueblos intento comprar cosas, más que nada para ayudar a la economía local, pero ni almacén había, al final en una casa me vendieron unas bebidas, y empecé el regreso hacia la Ruta 40. El sol empezaba a bajar en el horizonte y logré llegar a la bomba de bencina del cruce ya casi oscuro.

Me quedaban aun 200 kms. de viaje y estaba muy cansado. Lo peor fue que el GPS se mareo y me anuncio que me quedaban 120 kms., me preparé mentalmente para eso y salí raudo calculando que llegaría antes de las 10 a Cafayate, ya que la ruta era puro asfalto. Pero cuando cumplí los 120 kms., nada me coincidía con lo que recordaba de Cafayate… era otro pueblo, recalculé el GPS y me quedaban aun 80, y lo peor, es que ¡eran de tierra! No lo podía creer, fue un golpe anímico terrible, a esa hora, con frio, ultra cansado y desgastado, sin haber almorzado aun. Se me hizo eterno, cada kilometro que recorría lo sentía como si fueran 10.

Al final conseguí llegar pasado las 11 de la noche a Cafayate, muy cansado y con mucho hambre. Cuando conocí este pueblo para el Dakar 2011 buscando algún cibercafé, me gusto mucho, muy de la onda mochilera, rico clima, bonitos paisajes y muchos árboles, decidí no quedarme en un hotel, sino que en un hostal para meterme más en la onda light del lugar. Había elegido uno por internet pero cuando llegue al lugar me dijeron que estaba lleno, uff pensé, con lo cansado que venía y debía ponerme a buscar alojamiento, ya era mucho, pero justo llego el dueño del hostal y me recomendó otro, uno nuevo, de una pareja de ancianos, que aun no tenían publicidad y que me dijo me atenderían muy bien. Y así fue, la pareja eran muy amorosos y me hicieron sentir en mi casa, fui a comer algo al centro, obvio un bife chorizo, y volví a dormir, ya no me podía los ojos de sueño…

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